Un taller textil del siglo XIX necesitaba recuperar la técnica de grabado manual sobre cilindros de cobre para reproducir fielmente los motivos geométricos de un damasco original de 1840. El proyecto abarcó desde el análisis de la aleación del metal hasta la validación del tinte orgánico sobre algodón crudo.
El rodillo original presentaba un desgaste asimétrico en los surcos de 0.3 mm de profundidad, lo que provocaba una transferencia irregular del colorante de rubia. Se requería un mapeo tridimensional de la superficie para planificar la regrabación sin perder el patrón histórico.
Se digitalizó la superficie del cilindro mediante fotogrametría de alta resolución. Con los datos obtenidos, se generó una malla de puntos de referencia que guió el buril del artesano, respetando la densidad de 12 líneas por centímetro del diseño original.
Se utilizó un torno de precisión asistido por plantillas de latón para regrabar 48 cm lineales de patrón. La profundidad final del grabado se calibró a 0.28 mm para optimizar la absorción del tinte de cochinilla y alumbre sobre el algodón previamente mordentado.
La primera tirada de 200 metros lineales de tela mostró una reproducción del patrón con una desviación cromática inferior al 2% respecto al original de 1840. El rodillo restaurado se integró al archivo del museo digital como pieza funcional para demostraciones.